Cine

Entrevista a Chema García Ibarra. Episodios de una invasión intermitente

Uranes (2013), primer largometraje de Chema García Ibarra, fue realizada asumiendo las normas impuestas por el proyecto #LittleSecretFilm, un manifiesto de 2013 secundado por una serie de realizadores que, a la manera de Dogma 95, se comprometía a acatar un decálogo de restricciones: la duración de la grabación no podía exceder las veinticuatro horas, los diálogos habían de improvisarse in situ, el equipo técnico debía ser inferior a diez participantes, todos ellos sin remuneración, el corto tenía que estar financiado por su director y adscribirse a la licencia de Creative Commons. Las condiciones parecían draconianas y, no obstante, García Ibarra extrajo el máximo partido de la segunda de las cláusulas, que si bien acotaba el tiempo de grabación, no limitaba el de posproducción. Así, Uranes es un filme sobrio en sus planos, pero rico en su escritura y su ensamblaje. Despojemos a Uranes de la voz. Nos quedará una colección de fotografías domésticas, escenas cotidianas que se nos antojan extrañas, acciones que parecen inútiles. Devolvámosle la voz, hallaremos entonces una brillante reflexión sobre el acto de narrar. Uranes es un experimento de ficción con pocas concesiones al género o al espectador más acomodado.

Esta reflexión sobre la narración que Chema García Ibarra desarrolla en Uranes concuerda con su aproximación al género fantástico, estableciendo una continuidad con sus cortometrajes El ataque de los robots de nebulosa-5 (2008), Protopartículas (2009) y Misterio (2013). Como Uranes, todos ellos se erigen sobre una profunda contradicción entre el contenido fantástico y tono realista que lo envuelve, entre la banalidad de lo mostrado y la trascendencia de lo sugerido. En las películas de García Ibarra, la vida cotidiana es vulgar, limitada, confinada por un horizonte de pisos envejecidos, tiendas de barrio, descampados polvorientos y talleres sumergidos; sus habitantes están agotados, decrépitos, enfermos, tan aislados de su entorno como el cosmonauta de Protopartículas ¿Quién podría creer en otros mundos a la vista de la fealdad grabada por García Ibarra? Sin embargo, incluso el amputado siente un cosquilleo fantasma en el pulgar. Sobre el muñón de lo real, se yergue la fantasía como anhelo, como una melancolía por algo que se siente como perdido pero no es posible concretar con las palabras. Atrapados en un entorno sofocante, los personajes de García Ibarra añoran una trascendencia más allá de sus dedos.

MISTERIO1

Misterio (Chema García Ibarra, 2013

En una dimensión ni cósmica ni terrenal

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Póster de Uranes (Chema García Ibarra, 2013)

En tus películas, lo sobrenatural sucede fuera de campo y a ese fuera de campo sólo puede accederse a través de la voz. ¿Puede la voz evocar más que la imagen?

Sin duda, la voz hace que el espectador fabrique una imagen a su medida que en todos los casos es más salvaje, extrema y aterradora que la que yo podría proponerle.

Uranes tiene un guion muy estructurado y bien compuesto, que va sembrando la trama de enigmas. ¿Cómo te planteaste su tema y estructura?

La mayor parte del trabajo de escritura de la película se centró en el desarrollo de la estructura y en cómo dosificar de la mejor manera la información sobre las tramas. Era una estructura doble, con forma de hélice, como de cadena de ADN, porque quería contar dos películas a la vez: por un lado, la historia familiar, que estoy rodando yo; y por otro la historia de ciencia ficción, que está rodando un personaje de la película con su cámara VHS. Esas dos historias a veces se cruzan y a veces se separan, y comparten imágenes que tiene un sentido u otro según a la historia a la que pertenezcan. Fue un quebradero de cabeza.

Sabemos de tu gusto por Dick, Lem y Asimov. ¿Hubo algún otro autor u obra de ciencia ficción que tuvieras en mente mientras preparabas Uranes?

La extraordinaria Historias extraordinarias de Mariano Llinás, una película argentina que me parece fundamental en este milenio. Es una narración con una presencia total de la voz y una serie de historias cruzadas que no parecen acabarse nunca, como el autor dice, “una máquina de generar ficción”.

Como creador, ¿qué es lo que más te interesa de la ciencia ficción?

Que no pone límites a la imaginación. Es el género más libre y el que más locuras permite.

¿Te consideras un cineasta literario?

He escrito desde mucho antes de plantearme lo de ser director de cine, así que supongo que algo hay. Desde luego Uranes es una película que está mucho más escrita que filmada, a veces la defino como una novela corta ilustrada.

Volviendo a las referencias cinematográficas, la puesta en serie de Uranes recuerda a La Jetée y tu uso del fuera de campo, a Robert Bresson. ¿Estás de acuerdo?

Totalmente. Bresson es el director que más admiro de la historia del cine, el que más me obsesiona y el que me ha dado mis momentos más felices como espectador. Pocas veces se ha mostrado tanto respeto por el espectador como en sus películas. Marker es también un referente, pero desde luego no tanto como Bresson.

Como Bresson, tampoco sientes gran apego por los actores profesionales. En cambio, recurres a familiares. En mi opinión, esto confiere a tus obras una mayor autenticidad; pero ¿qué es lo que te interesa de este trabajo con actores no profesionales?

Me interesa trabajar con gente que esté libre de los vicios que, de una forma natural e involuntaria, tienen los actores. El hecho de “actuar” implica una serie de tonos, gestos, modulaciones de voz, miradas y movimientos que me disgustan profundamente y que trato de evitar a toda costa en mis películas. Creo que es mucho más fácil llegar a lo que quiero si le pido a mi abuela o a mi primo que interpreten a un personaje.

Concretamente, el trabajo de José Manuel resulta extraordinario en tus películas, pues consigue transmitir una verdad emocional poco común en actores profesionales. ¿Preparas mucho con él los papeles o le dejas cierto margen para que les aporte vida?

No lo preparo casi nada, salvo cosas específicas que tenga que memorizar (por ejemplo, la canción que canta en Uranes). Antes de rodar le digo lo que tiene que hacer y él tiene libertad total para hacerlo cuando y como le dé la gana. Si se equivoca, se traba, se le cae algo u ocurre algún pequeño accidente no sólo no me importa, sino que lo celebro y suelen ser esas tomas las que acaban en el montaje final. Creo que así se está más cerca de eso que antes llamabas autenticidad…

La historia de Uranes resulta más cruda y sórdida que la de tus trabajos anteriores, ¿te resultó difícil implicar a tus familiares en un largometraje con temas más escabrosos?

No, por la sencilla razón de que… ¡nadie conocía la historia que estábamos rodando! Ni ellos ni el equipo. Todos supieron qué era lo que estábamos haciendo cuando vieron la película terminada. Mi familia tiene confianza total en mí y están muy contentos con lo que hago, así que de todas formas no hubiera sido un problema. Pero me interesaba que hubiera cierto ambiente alegre en el rodaje que de alguna manera contrastara con la historia sórdida que estábamos haciendo, así que decidí que nadie supiera nada hasta el final.

Fotografía familiar de Uranes (2013)

Fotografía familiar de Uranes (2013)

En Uranes hay un choque constante entre verdad y ficción: algunos detalles que cuentas proceden de tu entorno cotidiano, otros son inventados; cuentas una historia de ciencia ficción, pero el tratamiento es casi documental. ¿Por qué decides mezclar de esta manera la realidad y la ficción?

Me gusta crear la sensación de incomodidad de no saber qué es verdad y qué no. De alguna forma eso mantiene en guardia y te obliga a interrogarte sobre cada dato y suceso de la película. ¿Es esto verdad o se lo ha inventado? Me gusta que no haya barreras entre géneros, que las películas no sean compartimentos estancos. Creo que desde ese punto de vista se puede conseguir algo original y más vivo.

Otro choque fascinante en películas como Misterio, Uranes o Nebulosa es el que se presenta entre un tratamiento visual de anodina cotidianeidad y una dimensión cósmica que queda fuera de campo pero determina a los personajes. ¿Por qué este contraste tan abrupto?

Porque crea una dimensión nueva, que no es ni la cósmica ni la terrenal y sin embargo es las dos a la vez. Un territorio en el que puedo mostrar a una familia cenando huevos fritos en un piso de Elche y a la vez hablar de extraterrestres y ataques de robots espaciales. Eso da posibilidades estéticas, narrativas, cómicas y dramáticas muy interesantes.

Como el cosmonauta de Protopartículas, tus protagonistas están aislados o viven atrapados, su única vía de escape parece ser lo sobrenatural, el encuentro con lo sagrado, pero ese encuentro es profundamente siniestro. ¿Qué piensas al respecto?

Me interesa que el encuentro entre la dimensión terrenal y la dimensión sobrenatural, más que siniestro, sea misterioso. Que haya misterio flotando en la película, una atmósfera enigmática, que se respire lo extraño.

Fotograma de El ataque de los robots de nebulosa-5 (2008)

Fotograma de El ataque de los robots de nebulosa-5 (2008)

Más allá de las limitaciones del formato de Littlesecretfilms, tienes una clara preferencia por el plano fijo y las tomas prolongadas. ¿Qué te atrae de esta manera de rodar?

Me molestan los artificios que saltan a la vista. En el cine todo es artificio, claro, pero hay niveles. Y creo que se puede eliminar unos cuantos para conseguir llegar a una forma más pura de cine, más esencial. Es por eso que decidí que en mis películas no hubiese movimientos de cámara, música, actuación, etc. Menos es más y cuantas menos cosas me recuerden que estoy viendo una película, mejor.

¿Qué aspectos te resultaron más limitantes de las normas propuestas por Littlesecretfilms?

En el caso de Uranes, el temático. Debía ser un thriller, un género al que estoy poco acostumbrado incluso como espectador. Así que decidí que iba a ser dos películas a la vez, por un lado el thriller que me habían pedido y por otro la película de ciencia ficción que yo quería hacer.

¿Qué aspectos de tu película hubieras hecho de otra manera si no hubieras tenido estas limitaciones?

Pues esta película nació de ese encargo, con esas limitaciones, no existía el proyecto sin vincular a eso, así que probablemente no la hubiera hecho…

Tus películas, hasta el momento, siguen una línea estética y temática muy coherente, como episodios de una invasión alienígena intermitente. ¿Seguirás desarrollando estas ideas en futuros trabajos? ¿Qué otras líneas de tu obra te gustaría explorar más a fondo?

No tengo intención de ser versátil ni de cambiar, más que nada porque tampoco lo sé hacer de otra forma (ten en cuenta que no tengo formación en cine). Actualmente estoy escribiendo el guión de un largometraje que, una vez más, sigue por esas líneas narrativas y temáticas. ¡Cero innovación!

director chema garcia ibarra7

El director Chema García Ibarra en una de las localizaciones de Misterio (2013)

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