Cine/Otros

9/11: Shock & Horror. El Imperio del Miedo, de Antonio José Navarro

 

escaner_20161124-2

El capitán Spaulding nos saluda desde la portada de El Imperio del Miedo.

El shock es el fogonazo de un disparo, el suelo abierto de pronto bajo los pies, un desgarro súbito que trunca el fluir del tiempo; el shock sucede de súbito y, sin embargo, su herida se prolonga indefinidamente sobre el tiempo y la consciencia. A esa llaga, doliente e incurable, la llamamos «trauma». Para todos tiene la vida una serie de choques —accidentes, malos encuentros, pérdidas cercanas, diagnósticos inesperados—, si no sabemos resolverlos, se enquistan en el alma y van sangrándonos lentamente; pero también los pueblos y las naciones sufren choques —atentados, guerras, tifones, terremotos—, cuyo recuerdo debe ser asumido para poder ser soportado. Tanto en la sociedad como en el individuo, el trauma no resuelto genera pesadillas, trastornos, comportamientos anómalos, fantasmas. El cine de horror no sólo expresa y hace visibles los traumas de la Historia, sino que, al hacerlo, nos permite afrontarlos y, en última instancia, comprenderlos.

 

En El Imperio del Miedo. El cine de horror norteamericano post 11-S (Valdemar, 2016), Antonio José Navarro parte del suceso terrible de los atentados del 11 de septiembre para hablarnos no tanto del desgarro del instante, como de su repetición en el tiempo a través del horror cinematográfico —pues ¿qué es la pesadilla sino una repetición inescapable?—. No cabe duda de que los atentados supusieron una ruptura en el relato de la historia ni, tampoco, de que dejaron profundas heridas que el gobierno de George Bush Jr. ni quiso ni supo sanar. Antes al contrario, las embadurnó de polvo, las cubrió de hormigas, hurgó dentro de ellas con un palo. Como demuestra ampliamente Antonio José Navarro, el cine de horror posterior al 11-S no sólo es una de las reverberaciones traumáticas del suceso, sino que, además, desde su postura subversiva, ejerce una crítica tanto de los motivos del suceso, como sobre todo de las respuestas políticas a la tragedia.

trade_center_attacks

El shock del 11-S

Como decíamos, el shock reprimido y, sobre todo, el trauma no resuelto pueden generar comportamientos perturbados, como los que afectan a una sociedad sumida en el miedo o a una estrategia política basada en el desprecio y la agresión al otro: se erigen muros, se bombardean las urbes, se vigila y se tortura a quienes no son como nosotros. La respuesta neoconservadora al 11-S —recorte de libertades civiles, invasión de Irak y Afganistán— es un buen ejemplo de lo dicho; aunque realmente así es como funciona, de facto, el neoliberalismo. Como exponía Naomi Klein en La doctrina del shock, el neoliberalismo aprovecha el shock, real o percibido, para modelar a su antojo el mundo; aplica sus leyes en medio del desconcierto, cuando la polvareda aún no se ha disipado, y, de inmediato, las vuelve permanentes. Una sociedad neoliberal es una sociedad traumática, continuamente amedrentada: de los demás, de sí misma, de todo, incluso del aire que respira. No es de extrañar, por tanto, que el cine de horror del nuevo siglo se desborde en toda suerte de formas y estilos, de amenazas polimorfas y cambiantes.

Es por ello que afrontar la historización del cine del periodo resulte una tarea colosal. Los ciclos, modas y estilos no sólo se suceden a toda prisa, además conviven entre sí, se superponen y se hibridan. En un momento así, parece razonable centrarse sólo en subgénero, un tema o un autor, ya sea el cine de zombis, el mockumentary de horror, las casas encantadas o la obra de Night Shyamalan; sin embargo, perdemos así la visión de conjunto, el Zeitgeist que enlaza todos estos miedos, la conexión entre el arte y lo histórico. Esto es, precisamente, lo que Antonio José Navarro logra en estas páginas: hilvanar un discurso e interpretar el momento a través de sus textos. No recurre para ello a un pesado andamiaje teórico que entorpezca la lectura a cada paso, sino que —una vez sentadas las bases que definen el horror— deja que la Historia fluya a través de sus películas, con una prosa sugerente y energizante, ágil y elegante. Casi por fundido encadenado, los filmes analizados por Navarro se suceden y van recomponiendo el paisaje desalentador abierto tras el derrumbe del World Trade Center. Asistimos, como lectores, a una película imaginaria, compuesta de planos dispersos, rodados entre 2001 y 2016, un texto múltiple que el autor va ensamblado hasta componer un panorama de pesadillas. Si nos asomamos a él, no veremos otra cosa que nuestro propio mundo.

Pero miremos más de cerca, entre las páginas de Navarro encontraremos los elementos cruciales que articulan el horror después del once de septiembre: la naturaleza hobbesiana del ser humano planteada en estas películas; el fanatismo religioso palpable en el cine de exorcismos; la violencia inherente a la historia y la identidad estadounidense; el miedo a lo que amenaza desde fuera del hogar y, también, a lo que está dentro de él; la relación entre el terror, la realidad y los mass media; la visibilización del uso de tortura en Guantánamo y Abu Ghraib a través del torture porn… El autor ejemplifica cada uno de ellos con una extensa filmografía, que va contrastando con datos históricos precisos y una bibliografía igualmente abundante para componer una investigación cabal y rigurosa.

Estudiar el cine de horror no es un asunto secundario o marginal, sino un objeto fundamental para la comprensión de nuestra cultura y nuestra sociedad. Tuve la ocasión de trabajar este mismo tema a lo largo de mi tesis doctoral, La ideología del miedo, leída en enero de 2014; por lo que la publicación de este libro supone, para mí, la especial satisfacción de comprobar que sigue siendo un campo de investigación vivo y necesario, al que Antonio José Navarro realiza aportaciones esenciales, introduciendo nuevos puntos de vista y perspectivas enriquecedoras. En este sentido, no se trata de un libro cerrado, sino de un texto abierto, que invita al lector a seguir hilvanando sus propias conclusiones. La investigación no puede entenderse sino como un proceso, como un debate y un diálogo. El propio estilo de Navarro así lo plantea, pues no busca sólo darnos respuestas, sino también incitarnos a preguntarnos, pues éste es el único camino para comprender mejor el mundo que nos rodea y por qué nos asusta tanto.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s